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El Aura

El Aura de los santos se ha representado siempre con esplendor y pureza "aurea" en el arte. Aqui vemos a San Joaquín y Santa Ana, de Giotto.Toda materia, toda forma de vida, ya sea átomo, piedra, hombre o planeta, se baña en un océano de fuerza y de energías divinas; de este modo, un ser humano, al igual que una simple piedra, emite una radiación a la que llamamos aura. Esta radiación, que proviene del ser real y de sus diferentes apariencias, fue puesta en duda durante mucho tiempo por la Ciencia. Sin embargo, hoy en día, la Ciencia ha progresado lo suficiente como para adquirir pruebas irrefutables que constatan lo que los místicos del pasado sostuvieron siempre: que existe alrededor de los cuerpos vivientes un resplandor que puede ser percibido, y actualmente medido, gracias a ciertos aparatos altamente perfeccionados. La fotografía de un aura no hace ya sonreír a nadie, pues se trata de la fotografía de ese resplandor. En un futuro próximo, aparatos aún más perfeccionados ayudarán a percibir su actividad vibratoria y cambiante.

RESPLANDORES DEL ALMA

En la historia religiosa de los pueblos no faltan ejemplos que se refieren a los beneficios del aura de los santos y de los yoguis, pues muchas curas han sido realizadas con la única presencia del enfermo en el aura poderosa de un maestro. Recordamos especialmente la curación obtenida por aquella creyente que, con sólo tocar el manto de Jesús, se sintió curada. NO niego en absoluto la posibilidad de curación psicosomática donde la fe es el elemento esencial, pero sería desconocer los poderes del aura atribuir solamente todas las curaciones a la fe como único soporte.

He aquí una interesante definición del aura que nos permitirá desarrollar algunos aspectos principales:

«Aura: campo magnético o eléctrico que rodea especialmente el cuerpo animal y que contiene colores debidos a la frecuencia vibratoria de la energía de este campo. Semejante energía se debe al desarrollo psíquico y a las fuerzas vitales del cuerpo. El aura cambia de color en el curso de la evolución psíquica, pasando de un violeta muy subido a un blanco más puro en los estados más avanzados. El aura es visible en ciertas condiciones y ha sido fotografiada. Puede afectar ciertos instrumentos cuya receptividad ha sido perfectamente regulada. Toda célula viviente tiene su aura y lo mismo ocurre con grupos de células.»

El aura es la consecuencia de ciertas energías en actividad en nuestro campo de conciencia. Estas energías, provenientes del Sol o del alma, están contenidas en el hombre gracias a sus centros psíquicos; cuando éstos son activos, el aura lo es también. Los centros determinan la naturaleza y calidad del aura. Cuanto más elevados son los centros activos, más amplio y benéfico es el resplandor del aura. Aparte del aura del Espíritu, cuya vibración es percibida solamente en el momento de las últimas iniciaciones, existen tres fuegos cuya fusión compone el aura humana:

  • El resplandor espiritual del alma, cuyas frecuencias vibratorias pueden ser percibidas solamente por iniciados avanzados.
  • La resplandeciente luz dorada del cuerpo etéreo o vital alimentado por el centro del bazo.
  • La luz sombría que indica la luz latente escondida en el seno del átomo.

El desarrollo del aura depende pues, de la actividad normal y unificada de estos tres fuegos.

COLORES Y ESTADOS INTERNOS

El aura menos elevada es llamada aura de salud. Cuando un ser humano no está sano, posee una acumulación de energía vital, encontrada en la alimentación, en la bebida y en la respiración, la cual irradiará unos cuatro o cinco centímetros sobre la superficie de su cuerpo. El clarividente visualiza el aura de salud bajo la forma de líneas derechas que van de la superficie del cuerpo en todas direcciones. Cuando un órgano está enfermo, el lugar donde está situado irradia más débilmente, volviéndose borrosos los rayos de luz.

El resplandor del cuerpo astral o emocional es mucho más sutil. Se extiende también alrededor del cuerpo físico; sus vibraciones son muy sensibles a todo lo que afecta la naturaleza emocional (pasiones, deseos, odios, etc.). Esta emanación puede tener de veinticinco a cuarenta centímetros.

El resplandor del cuerpo mental es mucho más amplio que el del cuerpo astral. La frecuencia vibratoria de este aura depende sobre todo del grado de desarrollo intelectual. Se constata que cuanto más elevada es la inteligencia cósmica, más pura y esplendorosa se vuelve el aura mental del sujeto.

La unión y armonía perfecta entre estas tres auras estimulan el aura elevada del alma; al fusionar las cuatro en un mismo fuego que consume y transfigura, el iniciado experimenta un estado ideal del espíritu.

ESTRUCTURA ENERGETICA DE LOS COLORES Imagen de colores obtenida con Aura Cámara 3000.
Rojo: Actividad, fuerza de voluntad, emociones expresivas y gran vitalidad. Al rojo le gusta la pelea y el desafío; un rojo intenso significa hiperactividad.
Naranja: Creatividad, potencial artístico, inteligencia activa. Vibra más lentamente que el rojo y combina actividad y pensamiento.
Amarillo: Actividad a nivel mental. Indica condiciones óptimas para un perfecto funcionamiento de nuestra capacidad intelectual.
Verde: Señala el centro y el equilibrio.
Azul: Seguridad, tranquilidad. La mente puede penetrar en dimensiones más elevadas del ser, gracias a que el cuerpo vibra más lentamente.
Violeta: Búsqueda de soluciones mágicas y místicas. Intuición, transformación. Este color señala una energía psíquica muy sutil que rechaza la violencia y la confrontación.
Blanco: Espiritualidad, actividad mística, concentración, energía.

EN TODAS LAS CULTURAS

No podemos saber si el hombre primitivo percibía esta luminiscencia debido al consumo ritual de alucinógenos, si sólo la percibían los chamanes, o si era innata y con posterioridad dicha facultad se perdió. Culturas muy diferentes han reflejado la presencia de ese halo en seres espirituales o de rango superior. El aura está simbolizada, por ejemplo, en los tocados de plumas de los chamanes y jefes indios americanos, en las tiaras cónicas de los faraones egipcios, en la corona resplandeciente de los reyes y en el nimbo que rodea la cabeza de las imágenes de Jesús, la Virgen, los ángeles, santos y budas. También la literatura espiritual de todos los tiempos, desde la hebrea a la sufí, describe a santones y profetas envueltos en luz blanca.

Pero, ¿de dónde proviene el aura? ¿Procede, tal vez, del calor de los cuerpos vivos?, ¿o se trata de una fuerza exterior? La creencia en el aura ha estado siempre unida a la «teoría vitalista», según la cual existe una energía cósmica que anima e impregna todo el universo, llamada chi por los chinos, ruasch por los hebreos, huaca por los incas y prana por los hindúes. Generalmente, dicha fuerza está íntimamente ligada a la luz, los rayos del sol y los siete colores del arco iris. Se dice que es absorbida por los seres vivos a través de la respiración y de los chakras o vórtices energéticos, y más tarde enviada al torrente sanguíneo y al sistema nervioso, convirtiéndose en el motor de las funciones vitales y psíquicas. Según esta teoría, se almacenaría en el cerebro y en el centro energético del abdomen, y emanaría del cuerpo sobre todo a través de las manos y los ojos.

Yoguis, ascetas o chamanes aprenden a controlar esta fuerza vital mediante la meditación y la realización de ejercicios espirituales. Se dice que cuando lo logran, sus facultades paranormales se disparan. Los más avanzados llegan a convertir sus cuerpos en luz pura, y de ese modo se dice que alcanzan la inmortalidad. Asimismo, se cree que esta fuerza vital se acumula en objetos animados e inanimados y en lugares como montañas, árboles, casas… y que puede ser manipulada por la mente consciente o inconsciente, permitiendo influir sobre las cosas a distancia.

MEDICINA, COLORES Y CUERPO AÚRICO

Tanto el chamanismo como las tradiciones esotéricas, yóguicas y teosóficas describen la forma de esta energía como una nube de luz o «huevo luminoso» dotado de significado. Según A. P. Elkin, los aborígenes australianos son aún capaces de percibirla y «leer» en ella tanto las enfermedades como el pasado de la persona.

En realidad, la lectura del aura con fines curativos es tan antigua como la medicina. Se sabe que los médicos de la antigua China o Persia diagnosticaban las enfermedades de sus pacientes a través del estudio de la luz que veían emanar de los cuerpos. Por su parte, desde la mística yogui a la sufí, pasando por los teósofos, aseguran que absorbemos los siete rayos de luz cósmica por siete vórtices energéticos situados en nuestro cuerpo conocidos como chakras, los cuales se asocian a diversos órganos, así como a las diversas capas de energía que nos recubren y que forman otros siete cuerpos místicos o aúricos.

No hay un criterio único sobre el significado de los colores del aura y la naturaleza de los cuerpos sutiles que nos rodean, aunque en general se habla del cuerpo físico (relacionado con el chakra raíz situado en el perineo y el color rojo); el emocional (conectado con el chakra del aparato reproductor y con el color naranja) que refleja los deseos; el mental (asociado al chakra del plexo solar y al color amarillo); el cordial o anímico (relacionado con el chakra del corazón y el color verde); el cuerpo etérico, también conocido como aura pránica, intermediario entre los mundos físico y espiritual (asociado al chakra de la garganta y al color azul); el cuerpo astral (chakra de la frente y color violeta); y, por último, cuerpo causal, en el que se depositaría la semilla que reencarna vida tras vida (chakra de la coronilla y color violeta). Todas estas auras influyen unas sobre otras y son percibidas por los videntes como una colorida atmósfera luminosa. El predominio del color azul, por ejemplo, indica gran espiritualidad, mientras que el amarillo y el naranja señalan pensamientos elevados. Cuando la persona no está en armonía, los colores se ven teñidos por manchas y la forma ovoidal presenta disgregaciones.

DEMOSTRACIONES CIENTÍFICAS EN OCCIDENTE

Médicos y filósofos como Empédocles, Hipócrates, Galeno, Avicena, y mucho más tarde Paracelso, señalaron la existencia de esa misteriosa sustancia luminosa que impregna el universo y a cuya falta o desequilibrio atribuyeron el origen de numerosas enfermedades. Pero, a partir del siglo XVII, la visión mecanicista que convertía al hombre en una máquina producto de sus humores psíquicos y químicos dejó definitivamente a un lado tanto al aura como a la misteriosa fuerza vital. Desde entonces, aquellos que quisieron entregarse a la búsqueda de la misma fueron ridiculizados y desterrados de los círculos científicos. Entre ellos cabe citar a Mesmer (s. XVIII), quien propuso que del organismo humano emanaba un «fluido magnético», o al barón Karl von Reichenbach (1788-1869) que colaboró con cientos de médicos, físicos, químicos, y videntes hasta establecer que todas las formas proyectan una luminosidad, a la que llamó «fuerza ódica», en honor al dios germano Wodan. Más tarde, el estadounidense John Keely y el austríaco Wilhelm Reich, descubrieron que podían concentrar en acumuladores especiales esa misma energía electromagnética, a la que llamaron respectivamente «dinasférica» y «orgónica». Ambos fueron perseguidos por no querer compartir sus secretos. Algo similar a lo que le sucedió en los años 1930s a la quiropráctica estadounidense Ruth Drown, la cual también aseguró que existe un fluido universal que entra en el ser humano por la glándula pineal y baña todo el plasma sanguíneo y el sistema nervioso. El instrumento de radiónica que inventó, llamado Radio-Visión, supuestamente podía fotografiar los órganos a partir de una gota de sangre, pero fue destruido y ella encarcelada. Está claro que todos ellos fueron víctimas de un conflicto de intereses, pues el descubrimiento de una energía de este tipo constituiría sin duda una amenaza para los poderes fácticos.

El primer intento tecnológico por hacer visible el aura lo llevó a cabo, en 1869, el doctor Walter Kilner, en el hospital de St. Thomas de Londres. Mediante lentes impregnadas en un tinte a base de alquitrán de carbón, la dicianina, Kilner descubrió un espectro violáceo alrededor del cuerpo humano, en el que, según decía, era posible detectar los estados de enfermedad atendiendo a las modificaciones del color y brillo. Estos experimentos también le llevaron a aceptar la teoría del magnetismo animal propuesta por Mesmer, según la cual, las auras de personas que estan próximas pueden ¡nteractuar entre sí, de forma que una saludable sería capaz de influir beneficiosamente sobre otra debilitada. Pero, al poner en práctica esta teoría, fue acusado de curar con brujería.

Sin embargo, dos descubrimientos revolucionarios a los que no se podía acusar en absoluto de superchería iban a permitir pronto el estudio científico del aura. Se trata de la fotografía Schlieren, basada en una técnica alemana de principios de siglo ideada para ver las imperfecciones del vidrio, y que capta el halo térmico alrededor del cuerpo humano en bandas de colores muy semejantes a la descritas por los médiums y el hallazgo, en 1939, de la fotografía Kirlian que permite registrar un «efecto corona» luminiscente alrededor del objeto fotografiado.

Los numerosos experimentos realizados, tanto por científicos soviéticos como occidentales, con cámara Schlieren, Kirlian y otros instrumentos, han puesto de manifiesto que, tal y como aseguran los videntes y numerosas tradiciones, los organismos vivos irradian una luminiscencia ultradébil, un campo de energía electromagnética imperceptible a simple vista, que contiene información relacionada con el metabolismo, temperatura, emociones, ritmo respiratorio, humedad, condiciones atmosféricas y otros factores. Es más, según estos mismos experimentos, la luz que emana de nuestros cuerpos y los envuelve puede ser el vehículo gracias al cual se producirían fenómenos paranormales como la telequinesia, la telepatía o la curación a distancia.

Foto Kirlian.Muchos científicos siguen argumentando que la luminosidad revelada por las fotografías Kirlian (FK), se debe simplemente al efecto de la ionización intermitente del aire alrededor del objeto fotografiado. Pero para alguien que, como Héctor Avilés, lleva años realizando fotografías Kirlian, no hay duda de que lo que en ellas se capta es «un campo energético que tiene que ver con la vida y la conciencia. Es cierto —nos explica— que es difícil aplicar la FK como método de diagnóstico, debido a los múltiples factores que interfieren en la técnica y a que nuestro campo energético oscila continuamente. Pero la FK ha revelado que la conciencia y el pensamiento —incluso los ajenos— influyen en los colores e intensidad del campo energético, lo mismo que la enfermedad. Y no deja de ser revelador que refleje en las manos los mismos puntos energéticos que señala la acupuntura».

En opinión de Félix Manjón, quien tras trabajar como reportero gráfico durante siete años decidió dedicarse a la fotografía Kirlian, «una de las cosas que más desestabiliza la investigación con FK es la película. Por ello, debe utilizarse siempre del mismo tipo». En cuanto al interés de su utilización en el campo médico, Manjón comenta haber visto «una fotografía Kirlian tomada a un paciente 20 minutos antes de morir, en la que podía apreciarse una gran luminosidad blanca rodeando todo el cuerpo».

DETECTOR DE FACULTADES PARANORMALES

José Garrido, miembro del Centro de Estudios Parapsicológicos de la Escuela de Ciencias de Vanguardia, ha comprobado en miles de FK que éstas pueden reflejar la actividad psicoquinética de la mente: «En diferentes secuencias fotográficas podemos comprobar las asombrosas modificaciones que se producen en las estructuras energéticas mientras la persona realiza prácticas en el campo de la alteración de la conciencia. El aura de los dedos muestra un aumento sustancial de la corona tras estar meditando diez minutos y, después de veinte, la imagen muestra que el individuo ha alcanzado un estado de onda cerebral alfa».

Por otro lado, los avances de la bioenergética y electrofisiónica (técnica que, mediante generadores de alta frecuencia, pretende registrar la estructura, comportamiento y actividad de la energía biológica de los seres vivos), han permitido desarrollar numerosos métodos para observar el estado de irradiación energética, interpretarlo y modificarlo. Existen ya programas de ordenador que posibilitan —mediante un simple guante con sensores conectado a un ordenador— observar dichas radiaciones, traducirlas en bandas de colores, y evaluar su información.

Xavier Rosique, que ha estudiado el aura cromática de unas siete mil personas con una técnica informática denominada Visión-Aura, asegura que «en un 83% de los casos este sistema permite indagar en los componentes de la personalidad y del carácter. Además, mediante un entrenamiento adecuado, basado en ejercicios mentales, podemos cambiar voluntariamente el flujo energético para obtener una mejora en la calidad de vida y vencer la enfermedad». El sistema desarrollado por Rosique ha registrado en varias ocasiones psicoimágenes y espectros no identificables. Recuerda este experto una experiencia insólita. En una ocasión, un individuo le pidió que detuviese la cámara cuando él se lo indicase, pues, según le dijo, en ese momento aparecería la imagen del tercer ojo. «El resultado fue asombroso. En efecto, la imagen desveló un punto luminoso en la frente del sujeto».

GLÁNDULA PINEAL Y PERCEPCIÓN DEL AURA

Según el sanador Arim, que realiza exámenes del aura a través de ordenador y cura por medio de la proyección del color deficitario sobre el paciente y aplicación de gemas y vibraciones sonoras, «no hay que extrañarse de la existencia del aura, pues todos los cuerpos absorben y emiten luz. De hecho, necesitamos la luz para regular funciones fisiológicas. Cuando tenemos un trauma o una dificultad, nuestro campo energético bloquea de inmediato determinados colores y ello provoca la enfermedad». Según Arim, «el aura puede percibirse a través de la piel, mediante la glándula pineal, que tiene células fotosensibles de características similares a la retina. La luz que estimula la glándula pineal no tiene porque ser la luz visible. De hecho, la luz artificial inhibe la actividad de la glándula pineal. Cuando una persona tiene esta glándula muy sensible, se nota porque el color índigo reflejado en su aura es estable, y ello indica también que tiene capacidades psíquicas».

Así pues, independientemente de lo que produzca el aura, y de la forma en que sea percibida, a través de instrumentos tecnológicos, o por la visión directa del clarividente, nuestro campo energético parece contener informaciones que los sentidos convencionales no pueden captar, envía y recibe todo tipo de señales y su estudio puede ayudarnos a vivir más sanos y en mayor armonía con nuestro entorno.

EJERCICIOS PRÁCTICOS PARA PERCIBIR EL AURA

Existen ciertos ejercicios gracias a los cuales se puede percibir el aura. Con práctica y constancia, desarrollará sus propios métodos de interpretación.

Busque una pareja con la que se sienta cómodo. Es esencial buscar una habitación con la iluminación suficiente para poder distinguir las facciones del sujeto al que se va a observar, aunque evitando una luminosidad excesiva. Asegúrese de que su compañero se coloca sobre un fondo neutro, una pared lisa y blanca, por ejemplo. Puede comenzar situándose frente a él, cómodamente sentado y poniendo sus dedos índice a la altura de los ojos, con una distancia de unos diez centímetros entre ellos. Manténgalos siempre dentro de su campo de visión y concentre su atención en el sujeto que va a observar hasta que note cómo se va perdiendo su visión lateral. Entonces, únicamente verá la figura de su compañero y un halo fluctuante que emana de él. Las manifestaciones del color y su significado son diferentes para cada persona, no habiéndose desarrollado aún un sistema de interpretación universal.

Se ha comprobado que mediante la respiración se puede controlar la energía áurea a voluntad, dirigiéndola hacia un punto concreto o intensificando su brillo.

Pídale a su compañero que respire profundamente. Es conveniente que el individuo imagine cómo el aire penetra en él y llega hasta su cabeza. Entonces, usted percibirá fluctuaciones de niebla sobre la zona de la coronilla. Si a continuación le pide que, mentalmente, concentre el aire en la palma de la mano, las variaciones se producirán en esa zona.

Otra forma de experimentar con el aura es utilizando imanes de cierta potencia. Colocando un imán a escasos centímetros del cuerpo, el aura tenderá a desplazarse en esa dirección.

La observación del aura puede practicarse sobre uno mismo siguiendo las anteriores instrucciones y empleando un espejo. Asegúrese de que detrás de usted haya una pared lisa. Concentre su mirada en su reflejo, utilizando la técnica que mejor resultado le haya dado en sus prácticas anteriores. También puede utilizar la «visión periférica». Este sistema lo conseguirá fijando la mirada en un punto que se sitúe a unos cinco centímetros por encima de su cabeza pero sin perder de vista el contorno de su silueta. Lentamente, se formará ante usted el halo de luz que rodea su figura.

Mediante el sentido del tacto también puede percibirse el aura. Puede pedirle a su compañero que permanezca en pie frente a usted, que se siente en una silla o que se tumbe. Coloque sus manos a cierta distancia y con las palmas dirigidas hacia el cuerpo del individuo cuya aura va a explorar. Para iniciar el examen acerque lentamente las manos hasta que note un campo de energía entre sus palmas y el organismo del otro. Podrá percibirlo en forma de cambio de temperatura o de vibraciones. Acostúmbrese a su tacto y comience a recorrer todo el cuerpo sin perder esa sensación. Observe en qué lugares se intensifican los flujos de energía o cambian de forma. Su compañero puede recurrir a los ejercicios respiratorios para hacerle más fácil la percepción en zonas determinadas. Usted debe ser plenamente consciente de todas las sensaciones que pueda captar. Cuando finalice el ejercicio, es conveniente realizar un dibujo y anotar todas las impresiones que el experimento le haya producido. No olvide señalar las zonas de resistencia, los cambios de temperatura, las distintas capas o niveles perceptibles… Esto le ayudará a ir desarrollando su propio sistema interpretativo. No descarte el dejarse guiar por su intuición, ya que se trata de una experiencia muy personal. Poco a poco descubrirá cuáles son los puntos donde se ubican los bloqueos de energía. Observe si éstos coinciden con la localización de los chakras; es una buena fórmula para detectar las anomalías físicas.

LA SALUD Y LOS COLORES

La terapeuta Barbara Ann Brennan señala siete niveles de manifestación aural. En el primero se registran sensaciones físicas como el dolor o el placer y los estados de salud; la aceptación de uno mismo se muestra en un segundo estadio; la razón se ubica en el tercer nivel; en el siguiente se representan las relaciones afectivas de toda índole; en el quinto, establecemos la verdad personal, es decir lo auténticamente esencial de nosotros mismos; la espiritualidad se plasma en el sexto nivel y en el último se contempla el objetivo del alma en la vida y está relacionado con nuestras creencias religiosas.

Utilizando la meditación y rechazando el autoengaño, tomamos conciencia de nuestra personalidad, de nuestras virtudes, de las carencias, de lo positivo y negativo que nos forma, y podemos interactuar sobre todo ello. Una fórmula muy interesante para generar cambios desde el aura es empleando sonidos y colores.

Cuando se haya familiarizado con la visión de su aura, añada elementos nuevos a los ejercicios y observe cómo responde su flujo de energía ante esos agentes externos. Acompañe las prácticas con música. Escúchela o entónela. Muchos curanderos utilizan este recurso para conseguir mejores resultados en su intento de alterar el campo aural.

Se han señalado siete puntos energéticos principales y a cada uno se le atribuye un color y una nota musical que lo favorece, por lo que es posible trabajar esos chakras desde el aura estimulándolos con música y colores. Concentre su atención en la parte del aura que se manifiesta débil. Compruebe con qué chakra se corresponde y el color que lo estimula. A continuación, proceda a visualizar en su mente el color adecuado y transmítalo a la zona afectada. Insista hasta ser capaz de visualizar el efecto curativo manifestándose en su halo luminoso.

LIMPIAR Y PROTEGER EL AURA

Según el esoterismo, el aura es depósito de energías negativas y positivas. También es muy frágil y puede ser herida por influencias externas. Para limpiarla, hay que apoyarse de pie contra una pared sin dibujos. Las manos de la persona que vaya a practicar la limpieza deben lavarse con agua fría para descargarse de energía y rechazar la que emana de la persona enferma. Después, se pasan las manos a una distancia de unos 20 cm. del cuerpo, empezando por los pies y subiendo hacia la parte superior de la cabeza. Hay que hacerlo masajeando imaginariamente el aura, como si fuera una prenda de ropa de la que se va apartando la suciedad. Al llegar a la coronilla, se apartan las manos y se pide a la energía cósmica que se lleve la suciedad retirada al fondo de la tierra, donde nadie más pueda recibirla. Se inclinan las manos hacia abajo para hacer que esta suciedad caiga. A continuación, se vuelven a lavar las manos con agua fría. Hay que repetir la limpieza tres veces. Y durante la misma y después, conviene mantener la mente libre de preocupaciones y problemas.

En cuanto a su protección, la mejor forma de hacerlo es, al despertar cada mañana, cubrirnos mentalmente de los pies a la cabeza con una luz blanca, así como sonreír y amar a nuestro cuerpo físico y mental. Cuando emitimos ondas de amor y simpatía hacia nosotros mismos o hacia otros, el aura adquiere, según los videntes, un brillo suave que nos protege de todo ataque psíquico o críticas injustas.

FOTOGRAFÍA KIRLIAN

El matrimonio Kirlian, inventores de la cámara que lleva su nombre.A finales de los años 1930s, el matrimonio formado por Semyon y Valentina Kirlian experimentaban, en su casa de Krasnodar (Moldavia), sobre la posibilidad de fotografiar cuerpos sometidos a intensos campos eléctricos de alta frecuencia. Utilizaban para ello un aparato construido por el propio Semyon que les permitió comprobar, tras numerosas pruebas, cómo los cuerpos colocados en íntimo contacto con una película fotográfica, y en presencia de un intenso campo eléctrico de alta frecuencia, aparecían en la película revelada rodeados de cierta luminosidad.

Este fenómeno desconocido motivó al matrimonio para realizar más pruebas, bajo diversas condiciones y con diferentes objetos inanimados, vegetales y seres humanos. Pudieron verificar así que las imágenes de plantas sanas diferían de las tomadas a otras enfermas y que, en los seres humanos, la luminosidad variaba según el estado anímico. Pero, a pesar de estos asombrosos hallazgos sus investigaciones no fueron tenidas en cuenta hasta los años 1960s, cuando recibieron del Ministerio Soviético de la Salud Pública una subvención para que centraran sus investigaciones en la diagnosis médica.

EL «EFECTO FANTASMA»

Victor Adamenko —famoso por sus múltiples investigaciones en el terreno de lo paranormal— analizó detalladamente las posibilidades de este fenómeno en su ensayo «Sobre investigaciones de los objetos biológicos en los campos eléctricos de alta frecuencia». Asimismo, Vladimir Inyushin formuló hipótesis muy arriesgadas sobre la naturaleza del fenómeno. Los Kirlian aseguraban que la luminosidad reflejada en las placas fotográficas era independiente de las características eléctricas del objeto fotografiado. Pero Inyushin fue más allá y aseguró que el contorno brillante de los cuerpos así fotografiados correspondía a su «energía vital». Sus afirmaciones se basaban especialmente en el llamado «efecto fantasma», fenómeno mediante el cual era posible, por ejemplo, fotografiar el aura de un trozo de hoja que hubiera sido previamente amputado.

En Occidente, las investigaciones sobre este fenómeno comenzaron en los años 1970s de la mano de la norteamericana Thelma Moss. Esta psicóloga viajó a la Unión Soviética para conocer personalmente a quienes analizaban fotografías obtenidas por medio de campos eléctricos de alta frecuencia. A su regreso, Moss realizó, junto con otros científicos, numerosos estudios sobre este fenómeno.

Sin embargo, a pesar de muchos años de estudios, las opiniones sobre la naturaleza y posibilidades de la «electrofotografía» siguen siendo muy dispares. Gran parte de los investigadores coinciden en afirmar que la luminosidad que impresiona la fotografías Kirlian es un fenómeno perfectamente estudiado por la física y conocido con el nombre de «efecto corona», según el cual, todo elemento rodeado por un intenso campo eléctrico produce una luminosidad por un efecto de ionización y una emisión de radiaciones en el espectro visible. Este fenómeno, sería el alma mater de estas fotografías, y aunque no se encuentra presente en nuestra vida cotidiana, se puede contemplar con relativa frecuencia en los tendidos de alta tensión por las noches; si las condiciones atmosféricas son propicias, se puede observar cómo una especie de resplandor violáceo rodea los cables.

Por su parte. Oscar Barros Barbeito, director del Laboratorio de Investigaciones Parasensoriales de Buenos Aires —que ha construido docenas de cámaras Kirlian de diferentes características (portátiles, de visión directa…), y realizado con ellas cientos de pruebas rigurosamente controladas—, está convencido de que la luminosidad reflejada en las fotografías podría estar íntimamente ligada a las características eléctricas del cuerpo como, por ejemplo, la resistencia eléctrica de la piel, y que tal luminosidad nada tiene que ver con el aura referida por los videntes.

¿MÉTODO DE DIAGNÓSTICO?

Pero dejando a un lado a qué obedece el fenómeno, la fotografía Kirlian podría ofrecer muchas posibilidades prácticas si se consiguiesen relacionar, con la debida rigurosidad, las características de la luminosidad y sus distintos colores, con el estado psicofísico del sujeto fotografiado. En ese caso, el hipotético efecto Kirlian podría convertirse en un método de exploración de las constantes biológicas y psíquicas basado en la interpretación de las imágenes obtenidas bajo campos eléctricos de alta frecuencia.

Sin embargo, las relaciones entre formas y colores y el estado psicofísico del sujeto no son fáciles de establecer debido a múltiples factores. En primer lugar, la variación de cualquiera de las características del campo eléctrico en que se realiza la fotografía (intensidad, frecuencia…) modifica el resultado de la misma. Es por tanto imprescindible controlar estas condiciones a fin de evitar errores al hacer paralelismos entre colores, luminosidad y salud psicofísica. Y todo ello, sin olvidar que la multitud de colores que aparecen en las fotografías pueden deberse a que las diversas capas de emulsión de las películas son afectadas de distintos modos por las radiaciones ultravioleta emitidas por el cuerpo fotografiado.

Por otro lado, cada cámara Kirlian tiene características eléctricas diferentes, así que cualquier diagnóstico debería basarse en un trabajo exhaustivo de comparación, cosa que no siempre hacen los que se autodenominan «fotógrafos de auras».

Sería razonable pensar que si la fotografía Kirlian no ha sido explotada masivamente para diagnosticar enfermedades es porque no es eficaz a niveles prácticos. Sin embargo, a pesar de todos los argumentos en su contra no pueden desestimarse los muchos indicios que también existen a su favor.

La ya mencionada Thelma Moss, por ejemplo, comprobó que cuando un sujeto aumentaba su nivel de alcohol en la sangre, las sucesivas fotografías iban acusando una variación notable en la luminosidad. Asimismo, en numerosas experiencias realizadas en el Centro de Investigaciones Psicobiofísicas de Vigo, que dirige Javier Akerman, se ha verificado que las variaciones del ritmo cerebral se reflejan con notoriedad en las fotos Kirlian. Aún existe, sin embargo, un abismo entre estos hechos y la predicción de alteraciones en la salud y sólo algunos investigadores apuntan hacia esta posibilidad. Uno de ellos es Mario Marini, que desde hace años investiga en colaboración con un homeópata, y asegura que «la falta de luminosidad en determinadas áreas de la manos indica una disminución en las defensas del organismo y la proximidad de alguna enfermedad».

En el presente, investigadores de todo el mundo siguen buscando la fórmula que permita darle una utilidad a la fotografía Kirlian. Esperemos que sus trabajos cristalicen en un futuro cercano y ésta se convierta en una herramienta útil para el diagnóstico precoz de enfermedades.

SORPRENDENTES HALLAZGOS

De las muchas pruebas realizadas con fotografía Kirlian en la Unión Soviética, en el Departamento de Ciencias Físicas de la Universidad de Stanford (EE.UU.), o por la doctora Moss mediante una técnica que utiliza el «campo radiactivo», se desprenden, entre otras, las siguientes conclusiones:

PLANTAS

  • Las hojas separadas de las plantas muestran el fascinante fenómeno de la desaparición paulatina de la luminiscencia.
  • La FK pone en evidencia partes de hojas que ya no existen.
  • Se produce una transferencia de energía entre una hoja recientemente separada de una planta y otra arrancada 24 horas antes.
  • Las plantas emiten más luminiscencia si una persona se hace una herida cerca de ellas.
  • Las plantas indican por su radiación la conveniencia o no de plantarlas en terrenos experimentales. También revelan la falta de agua o salinidad excesiva en torno a las raíces.
  • La luminiscencia de los brotes de trigo es superior a las de otras especies.
  • En una serie de experimentos realizados por Moss, en colaboración con la sanadora Olga Worrall, ésta tomaba una hoja dañada en sus manos y la sanaba. Cuando se volvía a fotografiar, aparecía más brillante que en la imagen previa, a pesar de que la herida aún estaba visible en la hoja.

SERES HUMANOS

  • Estudios electrofisiológicos han revelado que la emanación en forma de corona no tiene que ver con la temperatura de la piel, la respuesta galvánica, la vasoconstricción o la vasodilatación.
  • Cada parte del cuerpo tiene un color distintivo: la región cardíaca es azul; los antebrazos verdosos…
  • Cuando una persona goza de buena salud, la corona de los dedos es azul y blanca; cuando está nerviosa las yemas de los dedos emiten formas rojas.
  • Los tumores cancerosos se presentan con sombras blancas o grises en torno al lugar del cuerpo donde se hallan.
  • La intoxicación con drogas (alcohol y marihuana) producen un aumento en el brillo de la corona. Las fotos realizadas a personas que afirman poseer poderes curativos mostraron que cuando se encontraban en estado de trance emanaban una corona de tamaño reducido. Las coronas de los pacientes eran muy pequeñas antes del tratamiento y enormes al finalizar el mismo.
  • Durante su actividad mediúmnica, los psíquicos muestran una corona puntiaguda muy concentrada en las puntas de los dedos.
  • Basándose en las teorías de Alexander Gurvitch sobre la «radiación mitogenética» —fenómeno por el cual la radiación que emiten unos seres vivos afecta a otros—, Inyushin y otros científicos soviéticos consiguieron registrar fotográficamente una emanación luminiscente que sale de los ojos de animales y seres humanos.

CÓMO FABRICAR UNA CÁMARA KIRLIAN

La cámara Kirlian no tiene nada que ver con una cámara fotográfica, ya que no posee ningún instrumento óptico. Se trata, simplemente, de crear un intenso campo eléctrico en el que se colocan tanto la película fotográfica como el objeto a analizar. La influencia de este campo eléctrico producirá, sin más, la luminosidad reflejada en la emulsión fotográfica. La fotografía Kirlian requiere elementos precisos y extrema minuciosidad, a pesar de lo cual es posible obtener fotos Kirlian estéticamente similares a las «profesionales» utilizando métodos sencillos y los siguientes materiales:

• Una bobina de encendido de coche.

• Una placa de circuito impreso de aproximadamente 18 x 25 cm.

• Tres metros de hilo de cobre de 1 mm de sección.

• Una fuente de alimentación: pilas (dos de 9 voltios conectadas en serie como indica la foto), baterías o un transformador que proporcione entre 12 y 24v.

Con un pequeño trozo de cable al que hemos pelado los extremos, se une el conector central de la bobina con la placa de circuito impreso, de modo que el lado del cobre quede hacia abajo. A continuación, se quita el aislante plástico a un trozo del hilo de cobre de aproximadamente un metro de largo, y se enrolla éste sobre una forma plástica de 3 cm. de diámetro. Se atan ambos extremos y se conecta uno de ellos a uno de los extremos de las pilas. El otro extremo irá conectado a uno de los bornes de la bobina, tal como indica el esquema. Finalmente, se deja un trozo de hilo suelto conectado por uno de sus extremos al otro borne de la bobina de encendido.

Para comprobar que todo funciona correctamente se apoya un dedo sobre la placa de circuito impreso (con el lado del cobre hacia abajo), mientras se frota rápidamente el extremo A sobre el hilo enrollado. Se siente entonces un leve cosquilleo, producto de la alta tensión generada por la bobina.

Para obtener las fotografías hay que interponer una película fotográfica entre el objeto a fotografiar y la placa. Se obtienen muy buenos resultados sacando las fotografías directamente sobre un negativo, por lo que para trabajar más cómodamente se construye una especie de funda, para que la luz no vele la película. Bastará para ello con un trozo de cartulina negra de 52 x 7,4 cm. plegada por la mitad. Con cinta aislante negra se pegan ambos extremos. Después, con un lápiz blanco se divide la cartulina en doce espacios de 4 cm., dejando dos centímetros en cada lado. Los espacios marcados corresponden a las distintas fotografías, por lo que es conveniente numerarlas.

En total oscuridad, se introduce el carrete (recomendamos películas de al menos 400 asas de sensibilidad) dentro de la funda, colocando dos clips en cada extremo, de modo que impidan que la luz vele la película. Así protegido el negativo, podremos trabajar con él a plena luz. Apoyaremos la película sobre la placa de circuito impreso y colocaremos uno de nuestros dedos (o el objeto a fotografiar) en el primer espacio marcado en la funda del negativo. Rasparemos repetidas veces el cable que está conectado a la bobina contra el alambre enrollado en la forma plástica. Así cerraremos el circuito de modo que la bobina estará produciendo una tensión alta.

Una vez sacadas todas las fotografías del carrete, y en total oscuridad, quitaremos los clips de los extremos y una vez fuera de la funda de cartulina, enrollaremos el carrete.

Conviene advertir a quien revele el carrete que se trata de fotografías especiales, para que lo tenga en cuenta a la hora de realizar las ampliaciones. Con un poco de práctica, sabremos controlar cómo sacarle el mejor partido a este sencillo método.

Por Gloria Garrido y Helena R. Olmo

Fuente: MysteryPlanet

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Un equipo interdisciplinar Ruso llega a las mismas conclusiones que el instituto IRCAI: Podemos cambiar nuestro ADN mediante resonancias y paquetes de datos.Se confirma empíricamente el principio de coherencia.

Posted on 22 Julio 2010 porstarviwer

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Tras estudiar a fondo el ADN un grupo de investigadores rusos formados por científicos de diversas especialidades -entre ellos genetistas y lingüistas- ha llegado a la conclusión de que puede ser modificado mediante sonidos y frecuencias y, por tanto, ¡por las palabras! Los lingüistas rusos descubrieron que el código genético -especialmente en la parte menos estudiada hasta ahora- sigue las mismas reglas de todas las lenguas. El poder de la palabra sobre la salud, sostenido durante milenios por diversas corrientes de pensamiento, quedaría así confirmado.

Cada vez son más los científicos que están convencidos de la relación ionogenomática. ADN y Radiofrecuencia Cuántica Diferencial.

En esta ocasión, los armónicos y las resonancias, han sido objeto detallado de estudio por el “Institute Control of Sciences Russian Academy  of Sciences de Moscow.” y el Instituto “Lebedev“.
EL ADN: UN BIOORDENADOR POR ONDAS
Konstantin Korotkov, catedrático de la Universidad de San Petesburgo y diseñador de la cámara especial GDV (Gas Discharge Visualization) que permite visualizar el aura de un ser vivo e interactuar sobre ella para prevenir enfermedades (vea en el apartado Ciencia y Conciencia de nuestra web los artículos publicados al respecto en los números 24 y 27 con los títulos “El estudio científico del cuerpo energético” y “La investigación científica del aura y la prevención de enfermedades”) contaba hace poco a nuestro compañero Fernando Sánchez Quintana que durante la guerra fría participó como científico en proyectos militares clasificados como “alto secreto”. Uno de ellos consistía en enviar un enorme submarino nodriza hasta la costa de Estados Unidos que debería dejar caer desde el interior, antes de retirarse, otro submarino más pequeño con los motores y sistemas eléctricos apagados hasta que se posara, merced a su propio peso, en el fondo del océano. Allí debería esperar la eventualidad de que la guerra comenzara y lanzar entonces sus ojivas nucleares. Llegado el momento, el submarino recibiría una orden telepática que activaría el sistema de lanzamiento. Korotkov participó en aquel proyecto porque había inventado un sensor de agujas de wolframio capaz de medir la capacidad de una persona para comunicarse mentalmente.

Según su testimonio, tras un año de pruebas el proyecto fue suspendido porque “sólo” se alcanzó un 95% de aciertos en las transmisiones telepáticas y eso era mucho dado el objetivo final. Los científicos rusos siempre han demostrado ser más prácticos y menos dogmáticos. Los demás que sigan discutiendo si existen o no ángeles: ellos los buscan.
Pues bien, algo similar ha hecho el biofísico y biólogo molecular Peter P. Gariaev y otros colegas suyos del Institute Control of Sciences Russian Academy of Sciences en Moscú.

Mientras los investigadores occidentales se centraban sólo en el 10% de nuestro ADN -la parte donde se localiza la producción de proteínas- ellos han buscado en el 90% restante porque no les resultaba creíble que millones de años de evolución hubieran hecho más importante la parte que el todo. Obviamente, sus experimentos ofrecen una visión absolutamente diferente del código genético y de la función del ADN.

Así, su trabajo presenta a nuestro ADN como un bioordenador capaz de recoger y transmitir información de su entorno a través de ondas a partir de las cuales pueden modificarse los patrones de comportamiento de las células. Tal y como recogen Gariaev y sus colaboradores enThe DNA-wave Biocomputer los experimentos llevados a cabo en Moscú en el Institute of Control Sciences, en Wave Genetics Inc., así como otros trabajos teóricos les han llevado a las siguientes conclusiones:

1º.-La evolución ha creado en los biosistemas -organismos vivos- “textos genéticos” articulados de acuerdo a patrones semejantes al conjunto de normas y reglas subyacentes en todas las lenguas humanas en los que los nucleótidos del ADN, dotados de frecuencias cargadas de información, juegan el papel de caracteres. Y a partir de esos “textos genéticos” se van conformando los distintos procesos orgánicos, Siendo pues el ser humano, en definitiva, un “bello discurso” de la Naturaleza.

2º.-El aparato cromosómico actúa como antena de recepción y transmisión de “textos genéticos”, los descifra, los codifica y los reenvía.

3º.-Y aun más, los cromosomas de los organismos multicelulares constituyen. en forma replegada. una puerta holográfica (capaz de reproducir la imagen de todo el organismo en cada una de su partes) abierta al espacio y al tiempo.

EL CÓDIGO GENÉTICO, NUESTRA PRIMERA LENGUA
Para su estudio del ADN, Gariaev -director del Instituto de Biología y Medicina por Ondas en Moscú y miembro de la Academia Rusa de Ciencias Naturales, de la Academia Rusa de Ingenierías y Medicina, y de la Academia de Ciencias de Nueva York- se rodeó de físicos del renombrado Instituto Lebedev: biólogos moleculares, biofísicos, genetistas, embriólogos y lingüistas. Y desde ese campo comenzaron a llegar las sorpresas…
Como se sabe, la Lingüística es la ciencia de la estructura de los idiomas. Investiga no sólo los idiomas naturales que se desarrollaron en las distintas naciones y culturas sino también los idiomas artificiales usados; por ejemplo, para programar los ordenadores. Bueno, pues a partir del estudio comparado de la semántica, la sintaxis, las bases de la gramática y otros aspectos del estudio de las lenguas con la configuración del código genético y la síntesis de proteínas llegaron a la conclusión de que éste comparte con nuestros idiomas las mismas reglas. No con los idiomas locales sino a un nivel más profundo donde todas las lenguas presentan estructuras comparables a la hora de unir caracteres para formar mensajes inteligibles. Una relación que puede que nos extrañe menos si ponemos en relación el lenguaje de los propios lingüistas con el de los biólogos y vemos que, por ejemplo, definen el fonema como la unidad mínima de una lengua que no se deja analizar en unidades más pequeñas (nucleótido) y cuya función se define a través de:

a) Su expresión. Que es la materialización de los mismos (el sonido vibracional, la onda)
b) Su forma. Que es el lugar que ocupan en el sistema (la cadena de ADN). Y,
c) Su contenido. Que será el papel que puedan desempeñar dentro de la economía gramatical de una lengua (la formación de determinadas proteínas en función de sus relaciones).

También han descubierto que la inteligencia subyacente en los procesos que dan lugar a una lengua se da ya en la interrelación y elección de compañeros para la síntesis de proteínas a nivel del ADN.
Si el ADN y el código genético existían ya antes de que los primeros humanos dijeran una sola palabra articulada es fácil deducir que cada lengua se desarrolló a partir del modelo básico existente en la estructura de nuestro código genético siendo éste la fuente de todas las lenguas. Esto no quiere decir que la capacidad de hablar sea sólo un efecto secundario de las proteínas elaboradas por algunos genes sino que el orden de los nucleótidos en el ADN sigue un plan inmaterial inteligente que ha sido imitado en la estructura de nuestros idiomas. “A través de una señal láser y sus campos electroacústicos solitónicos -podemos leer en The DNA-wave Biocomputer”- es como el gen ‘lee y entiende’ estos textos de manera similar al pensamiento humano. Pero a su propio nivel genómico de ‘razonamiento’. Esto significa que los textos humanos (independientemente del idioma usado) y los textos ‘genéticos’ tienen características matemático-lingüísticas y entrópico-estadísticas similares, y donde en caso de los textos ‘genéticos’ los caracteres se identifican con los nucleótidos”. En otras palabras, si el ADN entiende ciertas frecuencias entonces puede establecerse un tipo de intercambio de información con él.

Este descubrimiento es absolutamente convergente con el ya realizado por la línea de estudio Germano-Española, Dr.Broers Dr.Guerrero (IRCAI )etc…y explicaría la lógica biocomputacional de los procesos de señales dentro del ADN, y también la existencia de procesos de datos en la codificación- comunicación neurogenética, tal y como expone López-Guerrero.

De hecho, la consistencia del D-KG y su análisis depararán ulteriores avances que suponen ya una revolución absoluta de la ciencia.

DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA
Hay que agregar que para probar el alcance de su teoría el equipo de Gariaev realizó experimentos modulando ciertos patrones de frecuencia ¡y consiguió reparar cromosomas dañados por rayos X! Tal y como explican Grazyna FosarFranz Bludorf en su libro Vernetzte Intelligenz -en el que se ocupan ampliamente de las investigaciones de Gariaev- llegaron incluso a capturar patrones de información de un ADN y lo implantaron en otro reprogramando así las células de éste De esa manera consiguieron ¡transformar embriones de rana en embriones de salamandra! Insistimos: simplemente transmitiéndoles nuevos patrones de información del ADN. Un proceso que se realizó sin los efectos colaterales derivados de la manipulación directa de los genes.
Pues bien, los investigadores rusos están convencidos de que armonizando los sonidos que emitimos -es decir, palabras- en una determinada frecuencia se puede llegar a influir en el ADN. Ello quizás pudiera explicar los sensacionales descubrimientos del investigador japonés Masaru Emoto (vea el artículo La estructura del agua cambia con el sonido, las emociones y los pensamientos publicado en el nº 52) quien ha demostrado -a través de experimentos repetibles y acompañados de gran cantidad de imágenes gráficas- cómo las palabras y la música son capaces de alterar la estructura molecular del agua. También podríamos entender mejor cómo el sonido de los cuencos de cuarzo puede curar el cáncer (vea en nuestra web el artículo La curación mediante el sonido de cuencos de cuarzo que publicamos en el nº 35). Recordemos también a este respecto que el doctor Mitchell L. Gaynor -director del Departamento de Medicina Oncológica e Integrativa del Centro Strang-Cornell para la prevención del cáncer de Nueva York- afirmó haber utilizado terapéuticamente con éxito el sonido obtenido en los cuencos de cuarzo en cientos de pacientes. Hablamos, en definitiva, de la posible explicación del poder de la Musicoterapia pero también de por qué funcionan las afirmaciones positivas, los mantras, las inducciones hipnóticas y, por supuesto, la oración. Recordemos que desde hace miles de años los maestros espirituales vienen insistiendo en la posibilidad de alcanzar a través de la oración, la repetición sistemática de palabras o frases -mantras- o los estados alterados de conciencia la posibilidad de actuar sobre la propia salud y la de los demás. El problema es encontrar las frecuencias con las que entrar en resonancia con nuestro propio yo interior -¿nuestro propio ADN?- porque, tal y como han demostrado los mencionados científicos rusos, la vibración y el lenguaje en lugar del arcaico proceso de cortar y pegar puede llevar a triunfar a lo que podríamos denominar la genética de ondas. Ahora bien, ¿se pueden obtener las claves de tan especial “gramática”?.

UNA ANTENA GIGANTE
Hay que decir que la base de todo este complejo proceso de intercambio de “textos” en forma de sonidos está, según comprobaron Gariaev y sus colegas mediante experimentos, en la naturaleza vibracional. Concretamente, el ADN se expresa -según los investigadores rusos- a través de ondas solitónicas, ondas que pueden almacenar información durante mucho tiempo y son capaces de propagarse sin deformarse a grandes distancias en medios no lineales. Cuando hablamos de información pensemos que a diario las ondas de radio y televisión, por ejemplo, trasladan información de un lado a otro. Pero para hacernos una idea de la capacidad de las ondas solitónicas recordemos que ya en 1988 Thierry Georges y su equipo del Centro de Investigación y Desarrollo de France Telecom combinaron ondas solitónicas de diferentes longitudes para realizar una transmisión superior a un terabit por segundo (1.000.000.000.000 bits / segundo).
“La mayoría -explica Gariaev- intenta entender los principios del ordenador biológico que es el ADN a través de una fijación exclusiva a las reglas del ADN de Watson, Crick y Chargaff: la igualdad entre las bases adenina-timina, guanina-citosina. ¡Y eso es correcto pero no suficiente! El ADN cromosómico en los sistemas vivos tiene atributos de onda que nos llevan a una dimensión desconocida. El ‘muy conocido’ código genético es tan sólo la parte del código referida a la síntesis de proteínas… y nada más. Pero los cromosomas trabajan como ordenadores solitónicos holográficos bajo la influencia de radiaciones láser endógenas del ADN”.
Las consecuencias de todo esto son tan incomprensibles como simples y lógicas: si uno modula un láser con una determinada frecuencia puede afectar con ella la información de las ondas del ADN y, así, la información genética en sí misma.
Para ello el ADN funciona como una antena cuyas características técnicas vienen determinadas por su tamaño. La molécula extendida tiene alrededor de dos metros de larga y una frecuencia natural de 150 megahertzios. Curiosamente esta frecuencia está exactamente en la banda utilizada por el radar humano para las telecomunicaciones e ingeniería de microondas. Es decir, que nosotros usamos exactamente el mismo rango de frecuencia para recibir y emitir señales a nivel de ADN que en nuestra tecnología. Singular “coincidencia”.
Además el ADN puede también almacenar ondas armónicas de 150 megahertzios. Lo mismo que la luz visible. La 22 octava de 150 megahertzios queda directamente en este rango… y el color de esta radiación lumínica es el azul. ¿Será también una coincidencia que la radiación solar se descomponga en la atmósfera terrestre de tal manera que nosotros vivimos en un mundo con el cielo azul?
Es decir, el ADN -según las investigaciones científicas de los rusos- no sólo puede resultar afectado por la radiación electromagnética de forma dañina -algo que ya sabíamos- sino que también puede ser alterado en la dirección contraria con la radiación adecuada porque, en el fondo, para ello somos portadores de un microchip electrobiológico, un superconductor que toma la información electromagnética del ambiente, la almacena y posiblemente después de codificarla puede también emitirla. Este hecho abre posibilidades desconocidas hasta ahora para la medicina. Porque con los dispositivos adecuados, igual que ahora aplicamos corrientes electromagnéticas para ayudar a la recuperación de una lesión ósea o muscular… en el futuro podremos actuar sobre el metabolismo celular y desarrollar nuevas terapias contra las grandes enfermedades. Hasta la reparación de defectos genéticos sería posible sin los riesgos y los efectos secundarios de los procedimientos actuales.

UNA PUERTA AL ESPACIO Y EL TIEMPO
Bien, pues con resultar increíbles las posibilidades de los descubrimientos realizados por los investigadores rusos aún existen otros descubrimientos que nos sitúan al borde mismo de la Imaginación -con mayúsculas- porque nos hablan de una comunicación a nivel cuántico de nuestro ADN que rompería las barreras del espacio y del tiempo lo que confirmaría la visión holística de un ser humano interrelacionado con todo y con todos.
Los científicos rusos descubrieron con sus experimentos que la oscilación vibratoria de nuestro ADN puede causar patrones de perturbación en el vacío produciendo así agujeros de gusano magnetizados, equivalentes microscópicos de las perturbaciones Eisntein-Rosen formadas en las inmediaciones de los agujeros negros. Y recordemos que los agujeros de gusano son considerados por la Física teórica como túneles que conectan áreas completamente diferentes del universo a través de los cuales se puede transmitir información fuera del espacio y del tiempo. Pues bien, a través de los agujeros de gusano microscópicos el ADN podría atraer información de más allá del vacío e incorporarla a nuestra conciencia. En la Naturaleza, la hipercomunicación se ha venido produciendo con éxito durante millones de años. El comportamiento social de los insectos podría servirnos de prueba, como bien recuerdan los ya mencionados Grazyna Fosar y Franz Bludorf. Cuando una hormiga reina es separada “espacialmente” de su colonia la construcción continúa de acuerdo a lo planeado. Sin embargo, si se mata a la reina se detiene todo el trabajo en la colonia. Ninguna hormiga sabe qué hacer. Aparentemente la reina es la portadora de los “planes de construcción” y los envía incluso desde muy lejos por medio de la “conciencia grupal” de sus súbditos. Ella puede estar tan lejos como quiera… en tanto esté viva.
En el hombre tenemos ejemplos que hasta ahora han sido considerados más o menos anecdóticos y que podrían referirse a este tipo de hipercomunicación que normalmente es experimentada como inspiración o intuición. El químico ruso Dimitri Mendeleyev aseguraba que había visto en sueños la clave para la organización de la tabla periódica de elementos. El también químico Friedrich Kekulé mantenía que había deducido la estructura hexagonal de la molécula del benceno después de soñar con una serpiente que se mordía la cola. Igor Stravinsky escuchó en su cabeza mientras dormía La consagración de la primavera; Giuseppe Tartini, su sonata El trino del diablo interpretada por el propio Satanás. Y fue un sacerdote asirio quien reveló en sueños al historiador Herman Hilprecht la traducción exacta de la inscripción cuneiforme de la llamada “piedra de Nebuchadnezzar”.
Cabe añadir que cuando la hipercomunicación tiene lugar uno puede observar fenómenos especiales en el ADN. Los científicos rusos irradiaron muestras de ADN con luz láser en cámaras especiales. En la pantalla se formó un patrón de ondas típico. Y cuando retiraron la muestra de ADN los patrones de onda no desaparecieron: permanecieron. Bien, pues muchos experimentos de control demostraron que el patrón seguía proviniendo de la muestra retirada cuyo campo energético aparentemente subsistía por sí mismo. Este efecto fue denominado “efecto del ADN fantasma”. Se supone que la energía del espacio exterior y del tiempo todavía fluye a través de los agujeros de gusano después de retirar el ADN. Vladimir Poponin, físico cuántico reconocido mundialmente por sus estudios sobre las interacciones entre los campos electromagnéticos y los sistemas biológicos e investigador del Biochemical Physics of the Russian Academy of Sciences se refería así a ese efecto fantasma: “Después de reproducir esto muchas veces y verificar el equipo de todas las maneras concebibles nos vimos obligados a aceptar la hipótesis de trabajo de que alguna nueva estructura de campo estaba siendo excitada desde el vacío físico. Y lo denominamos ‘ADN fantasma” para dar énfasis a que su origen está relacionado con el ADN físico. No hemos observado ese efecto todavía con otras sustancias en la cámara. Después de ese descubrimiento iniciamos un estudio más riguroso y continuo de estos fenómenos. Y nos encontramos que con tal de que el espacio de la cámara no se perturbe se puede medir ese efecto durante largos periodos de tiempo. Lo hemos observado durante un mes en varios casos. Es importante dar énfasis a que dos condiciones son necesarias para observar el ADN fantasma. El primero es la presencia de la molécula de ADN y la segunda es la exposición del ADN a una débil radiación de láser coherente. Esta última condición puede darse con dos frecuencias diferentes de radiación del láser. Quizás el hallazgo más importante de estos experimentos es que proporcionan una oportunidad de estudiar la subestructura del vacío bajo perspectivas estrictamente científicas y cuantitativas. Es posible debido a la habilidad intrínseca del campo fantasma de acoplarse con los campos electromagnéticos convencionales”.
Esto implica que en ese acoplamiento podría producirse una transmisión de información desde lo que hoy consideramos “vacío”. Se abre así todo un mundo de maravillas. De hecho, podría estar sucediendo que nuestro ADN estuviera recibiendo desde el primer día sus “instrucciones de montaje” desde más allá del espacio y del tiempo conocido, desde el vacío o más allá si lo hay. Y a partir de esas instrucciones la naturaleza holográfica del ADN iniciaría el proceso de organización.
“Los solitones del ADN -puede leerse en DNA-wave Biocomputer- tienen dos tipos conectados de memoria. El primero involucra la capacidad de los sistemas no lineales para recordar modos iniciales de energetización y repetirlos periódicamente. Los cristales líquidos de ADN dentro de la estructura del cromosoma forman un sistema no lineal. El segundo es el del ADN total en un organismo. Tal memoria es un aspecto no localizado del genoma. Es cuasi-holográfico/fractal y tiene que ver, como es el caso para cualquier holograma o fractal, con la propiedad fundamental del biosistema, es decir, su habilidad de restaurar el todo a partir de una parte. Esta propiedad es bien conocida. Recordemos el crecimiento de las plantas dañadas, la regeneración de la cola de un lagarto…)”.

Antonio Muro de Discovery Salud para StarViewerTeam International.

Peter Gariaev (International Center for Wave Genetics).
Web: http://www.self-managing.net/genetica/
e-mails: info@project-financing.org o fsmidt@project-financing.org

Fuente: Starviewer

La física moderna dice “tú si puedes”

Durante décadas, los poderes de la mente han sido cuestiones asociadas al mundo “esotérico”, cosas de locos. La mayor parte de la gente desconoce que la mecánica cuántica, es decir, el modelo teórico y práctico dominante hoy día en el ámbito de la ciencia, ha demostrado la interrelación entre el pensamiento y la realidad. Que cuando creemos que podemos, en realidad, podemos. Sorprendentes experimentos en los laboratorios más adelantados del mundo corroboran esta creencia.

El estudio sobre el cerebro ha avanzado mucho en las últimas décadas mediante las “tomografías”. Conectando electrodos a este órgano, se determina donde se produce cada una de las actividades de la mente. La fórmula es bien sencilla: se mide la actividad eléctrica mientras se produce una actividad mental, ya sea racional, como emocional, espiritual o sentimental y así se sabe a qué área corresponde esa facultad.

Estos experimentos en neurología han comprobado algo aparentemente descabellado: cuando vemos un determinado objeto aparece actividad en ciertas partes de nuestro cerebro… pero cuando se exhorta al sujeto a que cierre los ojos y lo imagine, la actividad cerebral es ¡idéntica! Entonces, si el cerebro refleja la misma actividad cuando “ve” que cuando “siente”, llega la gran pregunta: ¿cuál es la Realidad? “La solución es que el cerebro no hace diferencias entre lo que ve y lo que imagina porque las mismas redes neuronales están implicadas; para el cerebro, es tan real lo que ve como lo que siente”, afirma el bioquímico y doctor en medicina quiropráctica, Joe Dispenza en el libro “¿y tú qué sabes?”. En otras palabras, que fabricamos nuestra realidad desde la forma en que procesamos nuestras experiencias, es decir, mediante nuestras emociones.

La farmacia del cerebro

En un pequeño órgano llamado hipotálamo se fabrican las respuestas emocionales. Allí, en nuestro cerebro, se encuentra la mayor farmacia que existe, donde se crean unas partículas llamadas “péptidos”, pequeñas secuencias de aminoácidos que, combinadas, crean las neurohormonas o neuropéptidos. Ellas son las responsables de las emociones que sentimos diariamente. Según John Hagelin, profesor de física y director del Instituto para la ciencia, la tecnología y la política pública de la Universidad Maharishi, dedicado al desarrollo de teorías del campo unificado cuántico: “hay química para la rabia, para la felicidad, para el sufrimiento, la envidia…”

En el momento en que sentimos una determinada emoción, el hipotálamo descarga esos péptidos, liberándolos a través de la glándula pituitaria hasta la sangre, que conectará con las células que tienen esos receptores en el exterior. El cerebro actúa como una tormenta que descarga los pensamientos a través de la fisura sináptica. Nadie ha visto nunca un pensamiento, ni siquiera en los más avanzados laboratorios, pero lo que sí se ve es la tormenta eléctrica que provoca cada mentalismo, conectando las neuronas a través de las “fisuras sinápticas”.

Cada célula tiene miles de receptores rodeando su superficie, como abriéndose a esas experiencias emocionales. Candance Pert, poseedora de patentes sobre péptidos modificados y profesora en la universidad de medicina de Georgetown, lo explica así: “Cada célula es un pequeño hogar de conciencia. Una entrada de un neuropéptido en una célula equivale a una descarga de bioquímicos que pueden llegar a modificar el núcleo de la célula”.

Nuestro cerebro crea estos neuropéptidos y nuestras células son las que se acostumbran a “recibir” cada una de las emociones: ira, angustia, alegría, envidia, generosidad, pesimismo, optimismo… Al acostumbrarse a ellas, se crean hábitos de pensamiento. A través de los millones de terminaciones sinápticas, nuestro cerebro está continuamente recreándose; un pensamiento o emoción crea una nueva conexión, que se refuerza cuando pensamos o sentimos “algo” en repetidas ocasiones. Así es como una persona asocia una determinada situación con una emoción: una mala experiencia en un ascensor, como quedarse encerrado, puede hacer que el objeto “ascensor” se asocie al temor a quedarse encerrado. Si no se interrumpe esa asociación, nuestro cerebro podría relacionar ese pensamiento-objeto con esa emoción y reforzar esa conexión, conocida en el ámbito de la psicología como “fobia” o “miedo”.

Todos los hábitos y adicciones operan con la misma mecánica. Un miedo (a no dormir, a hablar en público, a enamorarse) puede hacer que recurramos a una pastilla, una droga o un tipo de pensamiento nocivo. El objetivo inconsciente es “engañar” a nuestras células con otra emoción diferente, generalmente, algo que nos excite, “distrayéndonos” del miedo. De esta manera, cada vez que volvamos a esa situación, el miedo nos conectará, inevitablemente, con la “solución”, es decir, con la adicción. Detrás de cada adicción (drogas, personas, bebida, juego, sexo, televisión) hay pues un miedo insertado en la memoria celular.

La buena noticia es que, en cuanto rompemos ese círculo vicioso, en cuanto quebramos esa conexión, el cerebro crea otro puente entre neuronas que es el “pasaje a la liberación”. Porque, como ha demostrado el Instituto Tecnológico de Massachussets en sus investigaciones con lamas budistas en estado de meditación, nuestro cerebro está permanentemente rehaciéndose, incluso, en la ancianidad. Por ello, se puede desaprender y reaprender nuevas formas de vivir las emociones.

Mente creadora

Los experimentos en el campo de las partículas elementales han llevado a los científicos a reconocer que la mente es capaz de crear. En palabras de Amit Goswani, profesor de física en la universidad de Oregón, el comportamiento de las micropartículas cambia dependiendo de lo que hace el observador: “cuando el observador mira, se comporta como una onda, cuando no lo hace, como una partícula”. Ello quiere decir que las expectativas del observador influyen en la Realidad de los laboratorios… y cada uno de nosotros está compuestos de millones de átomos.

Traducido al ámbito de la vida diaria, esto nos llevaría a que nuestra Realidad es, hasta cierto punto, producto de nuestras propias expectativas. Si una partícula (la mínima parte de materia que nos compone) puede comportarse como materia o como onda… Nosotros podemos hacer lo mismo.

La realidad molecular

Los sorprendentes experimentos del científico japonés Masaru Emoto con las moléculas de agua han abierto una increíble puerta a la posibilidad de que nuestra mente sea capaz de crear la Realidad. “Armado” de un potente microscopio electrónico con una diminuta cámara, Emoto fotografió las moléculas procedentes de aguas contaminadas y de manantial. Las metió en una cámara frigorífica para que se helaran y así, consiguió fotografiarlas. Lo que encontró fue que las aguas puras creaban cristales de una belleza inconmensurable, mientras que las sucias, sólo provocaban caos. Más tarde, procedió a colocar palabras como “Amor” o “Te odio”, encontrando un efecto similar: el amor provocaba formas moleculares bellas mientras que el odio, generaba caos.

Por último, probó a colocar música relajante, música folk y música thrash metal, con el resultado del caos que se pudieron ver en las fotografías.

La explicación biológica a este fenómeno es que los átomos que componen las moléculas (en este caso, los dos pequeños de Hidrógeno y uno grande de Oxígeno) se pueden ordenar de diferentes maneras: armoniosa o caóticamente. Si tenemos en cuenta que el 80% de nuestro cuerpo es agua, entenderemos cómo nuestras emociones, nuestras palabras y hasta la música que escuchamos, influyen en que nuestra realidad sea más o menos armoniosa. Nuestra estructura interna está reaccionando a todos los estímulos exteriores, reorganizando los átomos de las moléculas.

El valioso vacío atómico

Aunque ya los filósofos griegos especularon con su existencia, el átomo es una realidad científica desde principios de siglo XX. La física atómica dio paso a la teoría de la relatividad y de ahí, a la física cuántica. En las escuelas de todo el mundo se enseña hoy día que el átomo está compuesto de partículas de signo positivo (protones) y neutras (neutrones) en su núcleo y de signo negativo (electrones) girando a su alrededor. Su organización recuerda extraordinariamente a la del Universo, unos electrones (planetas) girando alrededor de un sol o núcleo (protones y neutrones). Lo que la mayoría desconocíamos es que la materia de la que se componen los átomos es prácticamente inexistente. En palabras de William Tyler, profesor emérito de ingeniería y ciencia de la materia en la universidad de Stanford, “la materia no es estática y predecible. Dentro de los átomos y moléculas, las partículas ocupan un lugar insignificante: el resto es vacío”.

En otras palabras, que el átomo no es una realidad terminada sino mucho más maleable de lo que pensábamos. El físico Amit Goswani es rotundo: “Heinsenberg, el codescubridor de la mecánica cuántica, fue muy claro al respecto; los átomos no son cosas, son TENDENCIAS. Así que, en lugar de pensar en átomos como cosas, tienes que pensar en posibilidades, posibilidades de la consciencia. La física cuántica solo calcula posibilidades, así que la pregunta viene rápidamente a nuestras mentes, ¿quién elige de entre esas posibilidades para que se produzca mi experiencia actual? La respuesta de la física cuántica es rotunda: La conciencia está envuelta, el observador no puede ser ignorado”.

¿Qué realidad prefieres?

El ya famoso experimento con la molécula de fullerano del doctor Anton Zeillinger, en la Universidad de Viena, testificó que los átomos de la molécula de fullerano (estructura atómica que tiene 60 átomos de cárbón) eran capaces de pasar por dos agujeros simultáneamente. Este experimento “de ciencia ficción” se realiza hoy día con normalidad en laboratorios de todo el mundo con partículas que han llegado a ser fotografiadas. La realidad de la bilocación, es decir, que “algo” pueda estar en dos lugares al mismo tiempo, es algo ya de dominio público, al menos en el ámbito de la ciencia más innovadora. Jeffrey Satinover, ex presidente de la fundación Jung de la universidad de Harvard y autor de libros como “El cerebro cuántico” y “El ser vacío”, lo explica así: “ahora mismo, puedes ver en numerosos laboratorios de Estados Unidos, objetos suficientemente grandes para el ojo humano, que están en dos lugares al mismo tiempo, e incluso se les puede sacar fotografías. Yo creo que mucha gente pensará que los científicos nos hemos vuelto locos, pero la realidad es así, y es algo que todavía no podemos explicar”.

Quizás porque algunos piensen que la gente “de a pie” no va a comprender estos experimentos, los científicos todavía no han conseguido alertar a la población de las magníficas implicaciones que eso conlleva para nuestras vidas, aunque las teorías anejas sí forman parte ya del dominio de la ciencia divulgativa.

Seguramente la teoría de los universos paralelos, origen de la de la “superposición cuántica”, es la que ha conseguido llegar mejor al gran público. Lo que viene a decir es que la Realidad es un número “n” de ondas que conviven en el espacio-tiempo como posibilidades, hasta que UNA se convierte en Real: eso será lo que vivimos. Somos nosotros quienes nos ocupamos, con nuestras elecciones y, sobre todo, con nuestros pensamientos (“yo sí puedo”, “yo no puedo”) de encerrarnos en una realidad limitada y negativa o en la consecución de aquellas cosas que soñamos. En otras palabras, la física moderna nos dice que podemos alcanzar todo aquello que ansiamos (dentro de ese abanico de posibilidades-ondas, claro).

En realidad, los descubrimientos de la física cuántica vienen siendo experimentados por seres humanos desde hace milenios, concretamente, en el ámbito de la espiritualidad. Según el investigador de los manuscritos del Mar Muerto, Greg Braden, los antiguos esenios (la comunidad espiritual a la que, dicen, perteneció Jesucristo) tenían una manera de orar muy diferente a la actual. En su libro “El efecto Isaías: descodificando la perdida ciencia de al oración y la plegaria”, Braden asegura que su manera de rezar era muy diferente a la que los cristianos adoptarían. En lugar de pedir a Dios “algo”, los esenios visualizaban que aquello que pedían ya se había cumplido, una técnica calcada de la que hoy se utiliza en el deporte de alta competición, sin ir más lejos. Seguramente, muchos han visto en los campeonatos de atletismo cómo los saltadores de altura o pértiga realizan ejercicios de simulación del salto: interiormente se visualizan a sí mismos, ni más ni menos que realizando la proeza. Esta técnica procede del ámbito de la psicología deportiva, que ha desarrollado técnicas a su vez recogidas del acervo de las filosofías orientales. La moderna Programación Neurolingüística, usada en el ámbito de la publicidad, las relaciones públicas y de la empresa en general, coincide en recurrir al tiempo presente y a la afirmación como vehículo para la consecución de los logros. La palabra sería un paso más adelante en la creación de la Realidad, por lo que tenemos que tener cuidado con aquello que decimos pues, de alguna manera, estamos atrayendo esa realidad.

La búsqueda científica del alma

En las últimas décadas, los experimentos en el campo de la neurología han ido encaminados a encontrar donde reside la conciencia. Fred Alan Wolf, doctor en física por la universidad UCLA, filósofo, conferenciante y escritor lo explica así en “¿Y tú qué sabes?” de la que se espera la segunda parte en pocos meses: “Los científicos hemos tratado de encontrar al observador, de encontrar la respuesta a quién está al mando del cerebro: sí, hemos ido a cada uno de los escondrijos del cerebro a encontrar el observador y no lo hemos hallado; no hemos encontrado a nadie dentro del cerebro, nadie en las regiones corticales del cerebro pero todos tenemos esa sensacion de ser el observador”. En palabras de este científico, las puertas para la existencia del alma están abiertas de par en par: “Sabemos lo que el observador hace pero no sabemos quién o qué cosa es el observador”.

Hoy recuperadas por la física cuántica, muchas de estas afirmaciones eran conocidas en la Antigüedad, como en el caso del “Catecismo de la química superior”, de Karl von Eckartshausen.

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Cuadro 1 Nuestro cerebro: un ordenador que procesa información

A cada segundo, en una vida como la moderna llena de estímulos: nos bombardean enormes cantidades de información. El cerebro solo procesa una mínima cantidad de ella: 400 mil millones de bits de información por segundo. Los estudios científicos han demostrado que sólo somos conscientes de 2.000 mil de esos bits, referidos al medio ambiente, el tiempo y nuestro cuerpo. Así pues, lo que consideramos la Realidad, es decir, aquello que vivimos, es sólo una mínima parte de lo que en realidad está ocurriendo. ¿Cómo se filtra toda esa información?

A través de nuestras creencias: El modelo de lo que creemos acerca del mundo, se construye desde lo que sentimos en nuestro interior y de nuestras ideas. Cada información que recibimos del exterior se procesa desde las experiencias que hemos tenido y nuestra respuesta emocional procede de estas memorias. Por eso, los malos recuerdos nos impulsan a caer en los mismos errores.

Cuadro 2: Cómo romper con esos malos hábitos del pensamiento

El cerebro crea esas redes a partir de la memoria: ideas, sentimientos, emociones. Cada asociación de ideas o hechos, incuba un pensamiento o recuerdo en forma de conexión neuronal, que desemboca en recuerdos por medio de la memoria asociativa. A una sensación o emoción similar, reaparecerá ese recuerdo en forma de idea o pensamiento. Hay gente que conecta “amor” con “decepción” o “engaño”, así que cuando vaya a sentir amor, la red neuronal conectará con la emoción correspondiente a cómo se sintió la última vez que lo sintió: ira, dolor, rabia, etc. Según Joe Dispenza “si practicamos una determinada respuesta emocional, esa conexión sináptica se refuerza y se refuerza. Cuando aprendemos a “observar” nuestras reacciones y no actuamos de manera automática, ese modelo se rompe”. Así pues, aprender a “ver” esas asociaciones es la mejor manera de evitar que se repitan: la llave es la consciencia.

Cuadro 3: La mecánica de la erección

La mejor metáfora del pensamiento creador es el miembro masculino. Una sola fantasía sexual, es decir, un pensamiento erótico, es capaz de producir una erección, con toda la variedad de glándulas endocrinas y hormonas que participan en ello. Nada hay fuera de la mente del hombre pero, sin embargo, se produce un torbellino hormonal que desemboca en un hecho físico palpable. En el lado femenino, también el poder del pensamiento asociado al erotismo se convierte a menudo en hechos físicos, demostrando la capacidad del pensamiento para crear situaciones placenteras… o adictivas. Los más firmes defensores del poder de la visualización llegan a proponer que se puede obtener a través de ella casi todo lo que deseamos.



Las huellas de los viajeros del Tiempo

William J. Meister, un coleccionista de fósiles no profesional, descubrió en junio de 1968 lo que podría ser el fósil de una huella humana más antiguo que se ha encontrado. Se trata de una impresión sobre piedra que tendría entre 300 y 600 millones de años. Por supuesto que semejante afirmación queda en oposición con todas las teorías conocidas sobre la aparición de los hombres en nuestro planeta. Lo cual, dado que la huella existe de verdad —por lo menos parece serlo— ha generado, como otras cuestiones que nunca se terminan de aclarar científicamente, una gran discusión.

Meister estaba de expedición en Antelope Spring, un sitio ubicado a casi 70 kilómetros de Delta, en el estado de Utah, Estados Unidos de Norteamérica. Lo acompañaban sus esposa y dos hijas. Ya habían encontrado varios fósiles pequeños cuando Meister golpeó con su martillo de geólogo una losa de unos cinco centímetros de espesor, partiéndola de plano en dos, como se abre un libro. Allí estaba la huella.

Pique para ver ampliaciónComo suele suceder en todo fósil que ha quedado atrapado en un sedimento, ambos lados del bloque muestran la marca de una sandalia, una en positivo y la otra en negativo, del tamaño normal de un pie humano. Esta pisada es muy particular, porque ha aplastado bajo su suela ni más ni menos que trilobites. Los trilobites pertenecen a un orden extinto, pariente de los arácnidos y los crustáceos marinos como los cangrejos y langostas, que floreció hace unos 320 millones de años y se extinguió por completo hace 280 millones de años. Como se sabe, se piensa que los humanos, como especie, existimos desde hace entre 2 y 3 millones de años. Es imposible que un humano, y menos uno calzado con una sandalia, haya aplastado un trilobite al mismo tiempo que dejaba su huella para la posteridad.

Aspecto de un fósil de trilobite

La sandalia que habría aplastado al trilobite vivo tenía 25,2 cm de largo y 8,4 cm de ancho. El talón está ligeramente más hundido que la suela, tal como es normal en una huella humana. Meister llevó la piedra al profesor de metalurgia Melvin Cook, de la universidad de Utah, quien le recomendó que le mostrara el espécimen a los geólogos de la universidad. Pero Meister no pudo encontrar ninguno dispuesto a examinarla. Se dirigió un periódico local, llamado The Desert News, que publicó un artículo. En poco tiempo la noticia recorrió los Estados Unidos, recibiendo gran atención. El día 20 de julio de 1968 el Dr. Clifford Burdick, geólogo de Tucson, Arizona, examinó el sitio del hallazgo, encontrando de inmediato otra huella, con la impresión del pie de un niño sobre una base de pizarra. “La impresión”, dijo, “tenía más o menos 14,4 cm de longitud y mostraba los dedos del pie abiertos, como si nunca hubiese usado calzado, que causa que los dedos se mantengan juntos. El pie no parece haber tenido mucho arco y el dedo pulgar no es muy prominente”.

El Dr. Burdick determinó: “La roca se fracturó en el lado delantero de los dedos antes de que yo hallara el fósil. En esta sección se ve que la estructura de la roca está formada por láminas finas o planos de pizarra. Cuando los dedos presionaron sobre el material blando, las láminas fueron presionadas hacia abajo de la horizontal, indicando el peso que presionó sobre el lodo.

Dean Bitter, un docente de la escuela púbica de Salt Lake City declaró que encontró, en agosto de 1968, más marcas de calzados o sandalias en el área de Antelope Spring. Pero no había trilobites aplastados por estas huellas, aunque sí se encontró uno pequeño cerca de las marcas de pisadas, en la misma roca.

Se ha especulado con la posibilidad de que la Tierra haya sido visitada por humanoides muy similares a nosotros hace millones de años, en la época de los trilobites, o que lo que ha quedado registrado allí sea una visita de humanos como nosotros, quizás de un futuro más o menos cercano, que se movilizaron al pasado utilizando alguna clase de “máquina del tiempo”.

Otros casos


Este fósil, que muestra con exactitud la impresión de una mano humana, muestra un increíble detalle: tiene incluso la marca de una uña. Fue hallado en las piedras calizas de Glen Rose, en Texas, EEUU, y se supone que tiene unos 110 millones de años, o sea que fue dejada en la era de los dinosaurios.
(http://www.geocities.com/tasosmit2001/fossils.htm)


Este fósil, identificado como DM93-083, pertenece a una colección personal y fue hallado en la Isla Axel Heiberg, en el ártico Canadiense. Está datado en unos 100 a 110 millones de años atrás, época que corresponde al Cretáceo. Debajo de la foto se ve una imagen radiográfica, en la que se observan los huesos, que al tener menor densidad que la parte del petrificada exterior se ven en tono mucho más oscuro.
( http://www.geocities.com/tasosmit2001/fossils.htm)

Huellas de hombres en el Cretáceo

En las mismas calizas donde se dice haber hallado la huella de un mano descripta arriba, aparecen huellas que parecen ser humanas, sólo que de gran tamaño (pies de 38 cm de longitud y una separación de huellas que indicarían hombres de más de 2,5 m de altura). Se les llama “The Glen Rose Tracks”. Aparentemente, en el mismo lugar habría huellas de saurópodos (grandes herbíboros) y de dinosaurios carnívoros, e incluso la huellas aparentemente humanas estarían en estratos inferiores (más antiguos, por consiguiente) a los de las huellas de dinosaurios.(http://www.pathlights.com/ce_encyclopedia/13anc07.htm)


Las huellas de Malasia

En un sitio dedicado a promover el turismo de Penang, ofrecen unas fotos y un poco de historia sobre una huella gigante (de unos 85 cm) hallada sobre una roca cercana al mar en Batu Maung y otra huella hermana encontrada en Bayan Lepas, una selva distante unos 10 km de allí. También dicen que tienen noticias de huellas similares en unas islas llamadas Pulau Aman y Pulau Jerejak.
(http://penang.insights.com.my/updates/html/at01.htm)

Fuente: Web

No sólo las personas mayores, también jóvenes hacen la experiencia de que todo se está acelerando excesivamente. Ayer fue carnaval, dentro de poco será Pascua, un poco más y Navidad. ¿Este sentimiento es ilusorio o tiene una base real? La “resonancia Schumann” trata de explicarlo.

El físico alemán W.O. Schumann constató en 1952 que la Tierra esta rodeada de un campo electromagnético poderoso que se forma entre el suelo y la parte inferior de la ionosfera situada a unos 100 km por encima de nosotros. Ese campo posee una resonancia (de ahí el nombre de resonancia Schumann) más o menos constante del orden de 7,83 pulsaciones por segundo. Funciona como si fuera un marcapasos, responsable del equilibrio de la biosfera, condición común de todas las formas de vida. También se ha comprobado que todos los vertebrados y nuestro cerebro están dotados de esa misma frecuencia de 7,83 hercios. Empíricamente se ha constatado que no podemos ser saludables fuera de esta frecuencia biológica natural. Siempre que los astronautas, en razón de los viajes espaciales, quedaban fuera de la resonancia Schumann, se enfermaban. Pero sometidos a la acción de un “simulador Schumann” recuperaban el equilibrio y la salud.

Por miles de años el palpitar del corazón de la Tierra ha tenido esta frecuencia de pulsaciones y la vida se ha desarrollado en un relativo equilibrio ecológico. Sucede, sin embargo, que a partir de los años 80, y de forma más acentuada a partir de los años 90, la frecuencia se elevó de 7,83 a 11 y a 13 herzios. El corazón de la Tierra se disparó y de manera coincidente se hicieron sentir desequilibrios ecológicos: perturbaciones climáticas, mayor actividad de los volcanes, crecimiento de tensiones y conflictos en el mundo y aumento general de comportamientos desviantes en las personas, entre otros. Debido a la aceleración general, la jornada de 24 horas es, en realidad, solamente de 16 horas. Por lo tanto, la percepción de que todo está pasando demasiado rápido no es ilusoria, tendría una base real en este trastorno de la resonancia Schumann.

Gaia, ese superorganismo vivo que es nuestra Madre Tierra, debe de estar buscando formas de recuperar su equilibrio natural. Y lo conseguirá, pero no sabemos a qué precio, precio que será pagado por la biosfera y por los seres humanos. Aquí se abre un espacio para que grupos esotéricos y otros futuristas proyecten escenarios, ya dramáticos, con catástrofes terribles, ya esperanzadores, como la irrupción de la cuarta dimensión mediante la cual todos seremos más intuitivos, más espirituales y más sintonizados con el biorritmo de la Tierra…

No pretendo reforzar este tipo de interpretación. Solamente enfatizo la tesis -recurrente entre grandes cosmólogos y biólogos- de que la Tierra es, efectivamente, un superorganismo vivo, de que Tierra y Humanidad formamos una única entidad, como los astronautas declaran desde sus naves espaciales. Nosotros, los seres humanos, somos Tierra que siente, piensa, ama y venera. Y por serlo, poseemos la misma naturaleza bioeléctrica y estamos envueltos por las mismas ondas resonantes Schumann. Si queremos que la Tierra reencuentre su equilibrio debemos comenzar por nosotros mismos: hacer todo sin estrés, con más serenidad, con más amor -que es una energía esencialmente armonizadora-. Para eso hemos de tener el valor de enfrentarnos a la cultura dominante, que nos obliga a ser cada vez más competitivos y eficientes. Necesitamos respirar juntos con la Tierra para conspirar con ella para la Paz.

Leonardo Boff

El 4 de agosto de 2004, el Rover Spirit efectuaba un lento avance hacia la cima del cráter Gusev, poco antes de coronar la cima, NASA indico al Rover que efectuase una serie de secuencias fotográficas hacia un afloramiento rocoso próximo.El misterio de aquellas imágenes no estaba en las formaciones rocosas que mostraban, lo patético de aquella toma era el descarado fraude con la manipulación de los colores originales hacia el espectro de rojo, dando al paisaje una absurda tonalidad rojiza más propia de una película de serie B que de un espectáculo natural.

Algunos analistas independientes cuando ajustan la toma a la correcta corrección de color (como se aprecia al hacer clic sobre la imagen superior) afirman que el espectáculo natural es notablemente similar al desierto de Arizona.

La falsificación de los colores se aprecia de manera evidente al observar la “rueda de colores” original del Rover así como la rojiza bandera norteamericana que muestra en alguna de sus tomas.

enigmas_colores_marte

Pero, ¿Qué razones impulsan a NASA para falsificar el color?, Bien, la respuesta es compleja, no obstante podemos inclinarnos a pensar que si Nasa nos mostrase cielos azules, rocas verdosas (con musgo) y charcos de agua, no podría ocultar por mas tiempo la profunda realidad de que Marte es un Vergel en determinadas áreas, de que el Oxigeno y el Nitrógeno abunda, de que la temperatura ambiental no es extrema y por ende que la VIDA tiene un fuerte arraigo en este planeta y su hábitat natural se asemeja notablemente a la taiga siberiana con temperaturas mas suaves similares a la Tierra.
¿Qué mas podemos esperar?

No solo Vida, quizás huellas del paso de una civilización inteligente de mayor o menor nivel tecnológico que los milenios han sepultado bajo la tierra y el polvo marciano.

Esto evidentemente trastocaría muchos axiomas e ideas preestablecidas sobre la soledad cósmica que la ortodoxia científica nos ha inculcado sumiendo a la raza en la desesperanza, ¿es eso…? quizás no quieren esperanzar a la humanidad, prefieren mantenernos en una estúpida burbuja de conocimiento limitado, quizás todo forme parte de otro eslabón para sofocar la libertad humana y someternos.

¿Y si todo es falso?

Que pasaría si las misiones Rover fueran falsas, es posible que esto forme parte de un espectacular fraude para secuestrar fondos y engañar a la comunidad científica con pruebas tan falsas como predecibles… las oscuras misiones que NASA nos muestran, posiblemente contengan un profundo trasfondo tan o más siniestro que el autoatentado del 11-S.

Recuerde esto, usted esta en ventaja, usted sabe la verdad, conoce los hechos, especule, piense, analice y saque sus propias hipótesis, el análisis abstracto de las pruebas es un deporte que su carencia produce oxidación neuronal.

Fuente: enigmas y misterios